
En el comienzo del tiempo ordinario... nunca sabemos dónde Dios nos va sorprender. En la vida, la importante, se juega en lo cotidiano, en lo de cada día. Cada amanecer es una nueva oportunidad para trabajar por el Reinado de Dios. Cada anochecer es un nuevo espacio para reconocer nuestra fragilidad y limitación hecha carne en el cansancio y sabernos amados por Aquel que acoge incondicionalmente nuestra fragilidad.
Por eso, es necesario vivir a Dios en el día a día, en las pequeñas acciones o en las grandes acciones que se presenten a lo largo de nuestro quehacer cotidiano. En la vida del cristiano, podremos encontrar a Dios en cada acto realizado por amor a Él, en cada oración que brota de los labios agradecidos en los momentos alegres y en el ánimo que recibimos de Él en los momentos de cansancio o de duda.
Dios quiere caminar con nosotros, quiere compartir su vida y su amor. Quiere que le encontremos en los pequeños detalles, porque Él es el pequeño detalle que solo lo encuentran aquellos que buscan la gratuidad y no el interés.
Y tú, ¿Te atreves a buscar a Dios en lo cotidiano de cada día?
Por eso, es necesario vivir a Dios en el día a día, en las pequeñas acciones o en las grandes acciones que se presenten a lo largo de nuestro quehacer cotidiano. En la vida del cristiano, podremos encontrar a Dios en cada acto realizado por amor a Él, en cada oración que brota de los labios agradecidos en los momentos alegres y en el ánimo que recibimos de Él en los momentos de cansancio o de duda.
Dios quiere caminar con nosotros, quiere compartir su vida y su amor. Quiere que le encontremos en los pequeños detalles, porque Él es el pequeño detalle que solo lo encuentran aquellos que buscan la gratuidad y no el interés.
Y tú, ¿Te atreves a buscar a Dios en lo cotidiano de cada día?
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